Mis letras versadas

Mis letras versadas

viernes, 27 de septiembre de 2013

¡Feliz Aniversario: Cascadas de Luces!




Cascadas fluyen ilusas
de esperanzas y quimeras,
en azules primaveras 
que  conspiran con las musas.
Melodiosas y profusas
han compartido universos,
desde el parnaso de versos 
y lo profundo del alma ,
en el pesar o en la calma
entre avatares adversos.

Luces de amor irradiando
el milagro y el consuelo,
bendecido es el anhelo
que me susurra inspirando.
El torrente va dejando
primoroso  en su trayecto,
un florilegio dilecto 
 romántico y sin recato,
en el placer sin contrato
del más sublime proyecto.





Tarde intensa de tormenta y desatino


Tarde intensa de tormenta y desatino
cuando el céfiro impetuoso la pondera
y el ocaso entre las sombras vitupera
con el llanto del rocío peregrino.


Fuga indemne del silencio en la penumbra
cuando azota el vendaval cual sinfonía,
si preludia en su vaivén la melodía
y pregona la añoranza que vislumbra.


Caen las hojas, se humedecen horizontes
al compás de la nostalgia tentadora,
que ataviada del anhelo en cada aurora
funde sueños y esperanzas por los montes.


Siento el eco del rocío peregrino
y el azote de la brisa mañanera.
Danza el viento coronando su quimera
en la tarde de tormenta y desatino.


jueves, 26 de septiembre de 2013

Más que un triste desafío


Hay nostalgia en el rocío
de la tinta que suspira
y en el azar de la lira
fluye el eco del hastío.
Más que un triste desafío
es la brusca despedida,
de la  estación florecida
y del sueño peregrino,
confidente en el camino
que nos comparte la vida.

Versa la prosa el idilio
en la cetrina alborada,
que se confunde callada
consternada en su delirio.
Besa el instante del lirio
la seducción sin mentira,
cuando el ocaso se admira
despojado de egoísmo
y en el medio del abismo
el florilegio no expira. 






domingo, 22 de septiembre de 2013

El ocaso que aflora




Suspirar el primor de la aurora
retomando el sendero trillado
cuando acepta el ocaso que aflora. 

Cuando acepta el ocaso que aflora
 el declive del sueño dorado,
sublimiza la fe surtidora. 

Sublimiza la fe surtidora
en la alfombra del tiempo gestado,
cual otoño que esgrime agitado  
la ventisca soberbia y cantora.

La ventisca soberbia y cantora
diviniza el enigma sagrado,
retomando el sendero trillado
cuando acepta el ocaso que aflora. 







sábado, 21 de septiembre de 2013

Otoño que regresa



Otoño peregrino que regresa
con notas de nostalgia y despedida,  
en tanto se acongoja la promesa
y ahoga la esperanza en su caída.

Cetrina melodía en el desierto
si azota el vendaval de lo insensato,
en tanto clama indemne el desconcierto
y augura solitario su arrebato.

Ventisca tempestuosa y lastimera,
capricho desvelado que tremola
 y aleja del verdor la primavera.

Alquimia de horizontes y acertijos
besados por el alba  matutina
y el aura de crepúsculos prolijos.








viernes, 20 de septiembre de 2013

Espinelas de Septiembre


Andaba YO escurridiza
en el azar caprichoso,
del rocío silencioso
que mi desvelo amortiza.
Se envanece y entroniza
el melodioso avispero
y en el versar lisonjero
del acorde que se inspira,
fluye la tinta que admira
la elocuencia en el sendero.

Es la nostalgia viajera
 caudal de melancolía,
con la triste melodía
de la pluma mensajera.
Sufre el llanto de la espera
que plañidera reclama,
el respeto de quien ama
la belleza del ocaso,
y el talento del parnaso
trascendiendo su anagrama.

Letras suspiran cascadas
de palabras y emociones,
surten francas ilusiones
fraternas  y acariciadas.
Como joyas apreciadas
se conservan con ternura,
en la sagrada aventura
de la vida y sus azares
entre sonrisas, pesares
del amor y su locura.

Entonces quedan rendidas
bajo el hechizo del verso,
que extrapola el universo
con las letras sorprendidas.
Son coquetas, divertidas
que enamoran y arrebatan
y hasta pasiones desatan
cuando besan con la lira,
el amor que nunca expira
entre guiños que delatan.





lunes, 9 de septiembre de 2013

Cuando el alma medita




La vida nos regala sonrisas y lágrimas. El enigma está en atesorar lo mejor de ella y aprender de sus lecciones cotidianas. Muere el que no cree en el desafío constante de la vida, quien solo se aferra a las debilidades y no distingue en medio del laberinto la fortaleza de la luz, la energía vital que invita al renuevo en nombre del amor y de su verdad universal. Muere el que tortura, sacrifica y humilla lo esencial del pensamiento, quien no se conduele del dolor ajeno, quien mancilla sin piedad y ahoga la esperanza con la intolerante arrogancia. Muere el que no es capaz de compartir la humildad, la piedad y la paciencia, quien se valora por encima de las virtudes humanas, aquel que únicamente se condiciona al signo material de la opulencia, sin entender que lo maravilloso solo se descubre y se disfruta con los ojos del alma.




Fortuna del vivir sin apegos materiales, despojados de ambiciones vacías que solo se alimentan de vanidad y egoísmo. Encerrar la desesperanza en la nefasta oscuridad de su abismo, liberar el corazón del cansancio y la pesadumbre, de la soledad y el desamparo, de la agonía que no se resigna al consuelo del amor. Y  en ese instante preciso, cuando las alas de la paciente esperanza irradien su luz, el horizonte conspirará virtuoso abrazando los sueños inspirados, más allá de la utopía.




El amor es el nutriente vital que nunca expira, ni fenece aún entre las sombras cetrinas de la melancolía. La añoranza no es el signo de la derrota, ni el desaliento del alma, es solo un estado temporal que no podrá competir jamás con la esperanza. La vida siempre nos impone sus desafiantes incógnitas. Discernir sobre lo conveniente y lo razonable, sobre lo efímero de la belleza y lo esencial de la virtud humana, más que un acertijo abre nuevos horizontes. El conocimiento no tiene límites, la perspectiva del amor lo sublimiza todo y lo comprende todo, no justifica la maldad ni la ignorancia, pero sí sabe perdonar con el entendimiento diáfano y genuino, elevarse por encima del remordimiento, del rencor y del odio, para limpiar sanamente las heridas abiertas y los estigmas sangrantes de las miserias humanas.



viernes, 6 de septiembre de 2013

El milagro del andar


Se anticipa la nostalgia confundida
cuando el aura del dolor fluye impaciente, 
revelando su tristeza sutilmente
en el gris atardecer de la partida.

El capricho intolerante dejó huellas
que laceran castigando sin clemencia,
impetuoso en el averno y su demencia
de arrogante instigador en las querellas.

Instintiva la esperanza se rebela
en el necio laberinto del ocaso,
con la fuerza del renuevo ante el fracaso 
y el milagro del andar que no flagela.